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Roter.Teufel

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Muere Uliana Semenova, la gigante que cambió para siempre el baloncesto femenino

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La mítica pívot letona, leyenda de la URSS y referente absoluto del deporte, fallece a los 73 años dejando un legado irrepetible

El baloncesto femenino despide a una de sus figuras más imponentes —en todos los sentidos—. Uliana Semenova, la legendaria exjugadora letona que revolucionó el juego con sus 2,13 metros de altura y una presencia dominante jamás vista hasta entonces, ha fallecido este viernes a los 73 años, según ha confirmado la Federación de Baloncesto de Letonia.

Durante cerca de dos décadas, Semenova no solo fue la jugadora más dominante de su época, sino que se convirtió, según la FIBA, en la jugadora con más títulos de la historia del baloncesto femenino. Un dato que, por sí solo, explica la dimensión de su figura.

Una carrera plagada de títulos y récords

Nacida el 9 de marzo de 1952 en Zarasay, y licenciada en Educación Física, Semenova debutó con apenas 16 años en la selección absoluta de la URSS. A partir de ahí, comenzó una etapa prácticamente invencible que se prolongó durante 18 años (1968-1986).

Su palmarés impresiona incluso a día de hoy:

Dos oros olímpicos (Montreal 1976 y Moscú 1980)
Tres Campeonatos del Mundo (1971, 1975 y 1983)
Diez Europeos consecutivos (1968-1985)

Con el TTT Daugawa Riga, el club más poderoso del continente en aquellos años, levantó once Copas de Europa, 15 ligas nacionales y una Copa Ronchetti en 1987. Una hegemonía absoluta.

Una jugadora que marcó época

Al igual que Vladímir Tkachenko lo hizo en el baloncesto masculino soviético con sus 2,21 metros, Semenova cambió las reglas no escritas del juego. Su altura, sí, pero también su técnica, su lectura del partido y una sorprendente elegancia para su físico la convirtieron en una pesadilla para cualquier rival.

La FIBA lo resume con claridad: dominante, imparable y única. Y es que no era solo cuestión de centímetros. Había talento, carácter y una inteligencia táctica poco común.
España y el adiós en el tramo final

En la temporada 1987-88, ya con 35 años, llegó a España para jugar en el Tintoretto de Getafe, en una etapa breve pero significativa. El equipo madrileño fue subcampeón de Liga, y su presencia dejó una huella imborrable en el baloncesto nacional.

Después, cerró su carrera en el Valenciennes D’Orchies francés, antes de regresar definitivamente a Letonia.
Pionera más allá de la pista

Semenova fue también la primera deportista soviética en jugar profesionalmente en el extranjero, en un contexto político aún marcado por el Telón de Acero. Las negociaciones duraron cinco meses y supusieron el pago de cuatro millones de pesetas, una cifra simbólica hoy, pero histórica entonces.

Tras retirarse, ejerció como directiva del baloncesto letón y vicepresidenta del Comité Olímpico nacional, manteniendo siempre un perfil cercano y comprometido.
Una vida marcada por el esfuerzo

La pívot padecía acromegalia, un trastorno hormonal que provocó su extraordinario crecimiento, pero también graves problemas articulares a lo largo de su vida, agravados por su peso. Aun así, nunca utilizó la enfermedad como excusa. Jugó, ganó y se convirtió en leyenda.

En 2007, ingresó en el Salón de la Fama de la FIBA, siendo la primera jugadora no estadounidense en lograrlo. En 2022, la Federación Española de Baloncesto la incorporó a su propio salón de leyendas, calificándola como “la jugadora más determinante de la historia del baloncesto femenino mundial”.
Un adiós cargado de respeto y emoción

Las reacciones no se han hecho esperar. La FIBA ha lamentado su fallecimiento asegurando que “será profundamente extrañada, pero nunca olvidada”, mientras que la FEB ha destacado que “dejó un recuerdo imborrable” tras disputar alrededor de 700 partidos internacionales.

En Letonia, su figura trasciende el deporte. Fue doce veces deportista del año y recibió el Premio a la Trayectoria Deportiva. El presidente del país, Edgars Rinkēvičs, la definió como “la chica de oro del baloncesto olímpico, mundial y europeo”, mientras que la primera ministra, Evika Siliņa, subrayó que inspiró a generaciones enteras a creer en sí mismas y en su país.

Uliana Semenova ya no está, pero su sombra —enorme— seguirá proyectándose sobre cada pista donde una niña sueñe con jugar al baloncesto. Porque hay leyendas que no se apagan. Solo se hacen eternas.

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